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Mordisco salió a la calle a mediados de 1974. Montó la redacción en su casa, un pequeño altillo en la esquina de Viamonte y Pasteur. Su plan era nutrir al movimiento que se había generado alrededor del rock. No quería restringirse a lo musical. Pretendía alcanzar la poesía, la pintura, la filosofía, el arte en todas sus expresiones. “Hoy emprendemos la marcha hacia una estación llamada imposible. Llegar hasta allí puede tornarse peligroso, pero confiamos en que el contenido de nuestros equipajes nos proteja. Si bien no hay armas dentro de ellos, ya que las abandonamos en la estación de partida, en cambio portan nuestra música de rock, los libros que nos iluminaron, las técnicas e inventos de los hombres que no intentaron destruirnos y todas nuestras reales posesiones, o sea, las cosas que amamos.” Así finalizaba su primera editorial como director de una revista, y comenzaba un camino que nunca hubiera imaginado.
Informe: Diego Fernández Romeral

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